Normalmente, deberíamos evitar los lácteos si sufrimos alguna enfermedad gástrica, alergias, patologías respiratorias (asma), acné, mucosidades, problemas relacionados con el control del peso y la insulina, enfermedades autoinmunes o cáncer.

Si tenemos buena salud y no somos sensibles a la lactosa o a la caseína (proteína de la leche) entonces, sí, podemos tomar algún lácteo por placer y de forma esporádica.

Es mejor elegirlo entero, fermentado (quesos semicurados o kéfir), ecológico y al ser posible de cabra o de oveja, ya que estas leches tienen un tipo de proteína más parecida a la de la leche humana.

La leche de cabra contiene menos lactosa que la leche de vaca, así como más vitaminas, minerales y ácidos grasos.

La leche de oveja también es similar en composición a la leche de cabra, pero ofrece niveles más altos de calcio y fósforo

Otro buen ejemplo es la mantequilla de vacas alimentadas con pasto o el ghee.

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Lácteos y niños:

Los niños, tras terminar la lactancia materna, no necesitan tomar lácteos y menos productos lácteos industriales azucarados. Es más, su consumo a temprana edad está relacionado con el riesgo de desarrollar asma y diabetes tipo 1.

 Lácteos y calcio:

Tampoco es cierto que la leche sea buena para los huesos.

La calidad del hueso depende de muchos otros factores, como la salud hormonal, el ejercicio físico, la vitamina D, la vitamina K, el magnesio, etc…

En cuanto a la alimentación, para tener unos huesos fuertes, lo más importante es evitar el exceso de harinas, sal y azúcar refinados, así como aportar gran cantidad de antioxidantes con frutas y verduras.

 Leches vegetales:

Si tienes el hábito de tomar lácteos y notas que no te sientan bien, déjalos, no son imprescindibles.

Pero si no ves posible “pasar el día sin tu café con leche”, una alternativa puede ser cambiar a leche vegetal de avellanas, chufa o almendras. Nutricionalmente no es lo mismo y  ten cuidado al comprarla, mira los ingredientes y comprueba que no lleve azúcar añadido u otros ingredientes poco interesantes.

Otro dato a tener en cuenta es el coste, la venden a un precio muy elevado. Te recomendamos que intentes hacer tú una leche vegetal, es fácil, mucho más económico y con la pulpa sobrante puedes hacer galletas o un bizcocho.

¡Anímate a probarlo!